Arquitectura: Teatro por la Vida, diseño y estructura vanguardista.


Estructura autónoma del ingeniero Luis Acuña, única en su tipo en el país, dotará a la Villa Grimaldi de un nuevo espacio abierto a la cultura y la memoria: Una Velaria por la paz de Chile.
Hace tres años Luis Acuña comenzó a concebir una estructura fija que permitiera a Villa Grimaldi realizar eventos artísticos y culturales, sin los costos adicionales que implica contratar un encarpado para cada ocasión. La idea fue –literalmente- tomando vuelo, siendo hoy la única velaria en Chile con estas dimensiones y de estructura autónoma. Provista de una membrana fabricada con materiales tenso textiles traídos especialmente desde Francia y luego cocidos en Colombia, su construcción fue financiada por Fondart y el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago.
Peragallo, representante en Chile de Ferrari (empresa fabricante de este tipo de telas), aceptó el desafío de gestionar la producción de los materiales en el exterior y realizar las labores de montaje, dirigida en obra por el propio Acuña, quien cumple así su sueño de tender una mano en tiempos de paz a quienes no pudo dársela en lo que él llama los “tiempos de la guerra”.

La velaria que contiene al Teatro por la Vida, será inaugurada este próximo sábado 14 de octubre con la presentación en Chile de “Arqueología de la Memoria: Villa Grimaldi en Tres cantos”; un viaje musical, imaginativo y poderoso del artista chileno Quique Cruz, quien estará acompañado por el grupo de fusión jazz Quijeremá (San Francisco, California, USA)en conjunto con destacados músicos chilenos.
Este próximo sábado 14 de octubre se inaugurará oficialmente el Teatro por la Vida del Parque por la Paz Villa Grimaldi, con una estructura fija, denominada Velaria, que permitirá albergar distintos eventos artísticos y culturales, sin tener que reparar en posibles condiciones climáticas adversas o disponer de una suma cercana al millón de pesos para cubrir con un encarpado este espacio abierto a la cultura y la memoria.
La inquietud surgió hace tres años y poco a poco fue tomando cuerpo de proyecto, financiado más tarde por el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondart) y el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago. La idea original es del ingeniero Luis Acuña, el cual tuvo que tomar en consideración tres aspectos centrales: que la estructura no tuviera un efecto invasor, que fuera de fácil manutención y que tuviera una durabilidad aproximada de 25 años, para rentabilizar los cerca de 60 millones de pesos que hubo que invertir.
Una Velaria (término que evoca el velamen de una nave) fue la decisión del ingeniero, utilizando para ello materiales tenso textiles exportados desde Francia y luego cortados y cocidos en Colombia gracias a la ayuda de la empresa Pieragallo. La labor no fue fácil, en especial el corte de la tela, pues la intención de Acuña era que la estructura semejará dos cumbres cordilleranas nevadas. Esta Velaria es única en su tipo en Chile, tanto por sus dimensiones (aproximadamente 600 m2, que ascienden a cerca de 800 m2 si se suma el alto de sus cúpulas encumbradas), como la particularidad de sus materiales y trazado autónomo (no necesita sujeción a otra estructura).
La tensión de esta membrana textil confeccionada en el extranjero, era otro elemento importante a tomar en cuenta; pues quienes instalaron la tela no solo debían cumplir con los aspectos de forma del diseño, sino también considerar aspectos estructurales, ya que “la tela resiste vientos de hasta 120 kilómetros por hora y la función estructural la da la membrana”, aclara Acuña.
Dos pórticos principales permiten el acceso al teatro, capaces de soportar una tensión de hasta 25 toneladas. Posee también cables fiadores, los que de manera intencionada no se encuentran tesados para prevenir posibles accidentes en caso de que la estructura ceda o presente contratiempos estructurales. Los ingenieros siempre deben pensar en la posibilidad del colapso de la estructura, nos recuerda Acuña, y luego sentencia de modo concluyente: “pues una estructura se puede dañar, pero nunca romperse”.
Otra particularidad directamente relacionada con su manutención, es el hecho de que la tensión de la membrana pueda regularse, ya que “como un zapato (la membrana) va cediendo con el paso del tiempo”, y este sistema permite hacerle ajustes sencillos y de bajo costo. Se logró también, y eso es destacable, el objetivo de no intervenir visualmente el parque con la presencia de la estructura; primero, porque permite una visión continúa desde y hacia el exterior de la estructura, y en segundo lugar, porque no se percibe a simple vista. A ello contribuyó la modificación que debió hacerse a la idea inicial, ya que no se disponía de la totalidad de los recursos necesarios para materializar el proyecto.
Para bajar los costos se instalaron ocho pilares sostenedores de cables de tensión, en lugar de cables al suelo pensados en un comienzo, permitiendo así un mejor tránsito de las personas y, sin pretenderlo, ser la primera estructura autónoma en Chile, “pues la Velaria constituye el edificio en si y no la cobertura del mismo, no depende de otras estructura para sujetarse o a la que deba adaptarse”, precisa el ingeniero. Tanto es así, que se debió contar con la colaboración del arquitecto Oscar Zacarelli para obtener los permisos de edificación, debido a la ley que exige la firma de un profesional del área.
Acuña nunca antes había trabajado con estos textiles tensores, por lo que pasó varios días estudiando las distintas posibilidades del material. Lo motivaba saber que se iniciaba una nueva etapa para la Villa, la primera piedra de una sala para conmemoraciones artísticas ligadas a los derechos humanos. Pues como él mismo señala, tuvo pocas posibilidades en su momento para hacer algo por varios amigos, compañeros de universidad e incluso familiares detenidos por la dictadura. Por eso “Mi trabajo se hizo en tiempos de paz. No pude ayudar en los tiempos de la guerra, pero si a que estalle la paz en Villa Grimaldi”.

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